Mientras las transacciones financieras sigan sin tributar suena, exagerado llamar “impuesto a la riqueza” al adicional impositivo que pagarán alrededor de 200 mil contribuyentes bonaerenses cuyo patrimonio valga más de 500 mil pesos, cuando está probado que la evasión en la provincia, en primer lugar de los que más tienen, alcanza dimensiones escandalosas. Pese a que los calificativos vienen de sus críticos más hostiles, el Gobierno prefiere, sobre todo en un año electoral, que lo acusen de Robin Hood en lugar de recordarle que el desempleo en el Gran Buenos Aires todavía es de dos dígitos o que Catamarca, gobernada por radicales aliados del presidente Néstor Kirchner, junto con Salta, controlada por el menemista Romero que ahora se cae para el lado de Lavagna, son las dos provincias con mayor proporción de desocupados.
Para el show-business también puede ser preferible saturar las noticias con las bastardas reyertas de dos pícaros por el control del feudo riojano, en lugar de centrar el debate en la pobreza provinciana después de casi doce años seguidos de gobiernos encabezados por Angel Maza, que se mantuvo todo ese tiempo primero con el favor de los Menem, que usaban la residencia y el avión de la gobernación como si fuera patrimonio familiar, y luego de Kirchner, que le soltó la mano anteayer porque para aguantarlo tenía que intervenir la provincia, una desmesura en estos meses de tanta urna abierta. Además, ¿para qué, si el que mande en el futuro vendrá a comer de la mano del Tesoro nacional? Según el Indec, La Rioja tiene una tasa de desempleo de 7,2, por debajo del promedio nacional, pero si antes el dígito era motivo de celebración, hoy en día hay que andar con cautela antes de regocijarse porque hay suficiente evidencia de que la miseria no se evapora porque alguien en la casa consiga algún trabajo.
Académicos que siguen de cerca los programas de asistencia social calculan en un millón el número de personas en todo el país que no tienen acceso a nada, ni empleo, ni programas de ayuda, ni subsidios, ni obra social, en fin, nada de nada. Mientras pobres y excluidos no sean centros de interés mediático, y a veces ni siquiera con el agua al cuello como los inundados de estos tiempos, la atención preferente de los políticos que disputan los poderes públicos seguirá dedicada a los propios asuntos (pactos de oportunidad, candidaturas, etc.), confirmándole a la sociedad la fea impresión de que están ahí para obtener provecho personal en lugar de aplicar voluntad de servicio para el bien común. ¿Qué les pasa: están corrompidos hasta la indiferencia, son autistas o sólo pillos que creen que los votantes pueden ser manipulados por la publicidad? Algunos pertenecen a cualquiera de esas categorías, pero la mayor parte considera, debido a la experiencia, que las opciones electorales suelen estar disociadas del sofisticado o sencillo análisis ideológico-político y que las emociones o sensaciones del momento son las que determinan las preferencias ciudadanas.
Salutes
sábado, marzo 17, 2007
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