miércoles, diciembre 09, 2015
“El filántropo estadounidense Douglas Tompkins, fundador de las textiles The North Face y Espirit, es el mayor propietario privado de recursos naturales en la Patagonia chilena y en los Esteros del Iberá correntinos. Controla, además, campos en la naciente y en la desembocadura del río Santa Cruz, desde la cordillera al Atlántico. Lo llaman el “dueño del agua”. Douglas Rainsford Tompkins nació en California, el 20 de julio de 1943. Su fortuna supera los 400 millones de dólares. Pero es incalculable el valor de la totalidad de las tierras que posee justo acá no más, entre Chile y la Argentina: 900.000 hectáreas (630.000 en Chile y el resto en la Argentina). Sus padres, coleccionistas de arte y urbanistas, eran dueños de cierta posición económica que les permitía vivir sin apremios. Douglas se volvió un mochilero rabioso, tuvo problemas de estudio: los ratos libres prefería invertirlos en nuevas escaladas a las paredes del valle de Yosemite. En el horizonte inmediato estaban la guerra de Vietnam de la que Tompkins terminaría desertando, y los movimientos pacifistas a los que adheriría. En 1968, Tompkins y otros 4 amigos estaban congelados adentro de una cueva de hielo, al pie del Fitz Roy. Adelgazaron hasta la transparencia y racionaron víveres hasta que abrieron la llamada “Ruta de los Californianos”, una brecha hacia la punta helada de la montaña mágica. Esa conquista, a mediados de octubre, resultó el corolario de un viaje que había comenzado en San Francisco, en 1967 y que había llevado a Doug y a sus amigos por todo el continente americano, a bordo de una camioneta. Sin dinero, debieron pedir giros postales a sus padres, que preferían tenerlos lejos, en viaje de aventuras por Sudamérica, y no adentro de alguna trinchera de las selvas de Vietnam (…) De aquella experiencia, uno de los mejores amigos de Douglas, Roy Gerar, volvió tan fascinado que no bien pisó los Estados Unidos fundó una compañía textil a la que llamó Patagonia, cuyas prendas de alta calidad se comercializan hoy en todo el mundo. En 1979 afloró algo de la fascinación de Douglas por conservas tierras. En una cuadra de la ciudad de San Francisco creo junto a un grupo de amigos un parque de acceso público, restaurando el sitio donde antes se encontraba una planta de galvanización. Pero recién en 1985, se dio cuenta de que nada de lo que había hecho hasta ese momento servía para algo, salvo para ganar dinero. Para ese entonces, un libro de un par de ecologistas le había sacudido las fibras íntimas: Deep Ecology: Living as if Nature Mattered (Ecología profunda: viviendo como si la naturaleza importara) de George Session y Bill Devall. Pero también había descubierto los escritos del noruego Arne Naess, filósofo ambientalista y predicador del retorno a la naturaleza, padre de un movimiento conocido como Ecología Profunda.
Tompkins vendió Espirit y su colección de pintura y escultura moderna. Obtuvo unos 200 millones de dólares y los invirtió en la Foundation for Deep Ecology (Fundanción para la Ecología Profunda), predecedora de Conservation Land Trust (CLT), a quien pertenece el gigantesco Parque Pumalín, en el sur de Chile, el lugar donde decidió afincarse a principios de 1991. Para ese año. Douglas había perdido la inocencia adolescente y comprado ya el Fundo Reñihué, 17.000 hectáreas de bosque templado lluvioso que el joven millonaria estaba decidido a proteger. Contrató a un grupo de artesanos de la Décima Región y levantó una cabaña allí, en la Caleta Gonzalo, donde se estableció. Así comenzó su plan expansionista, que se basa en la compra de recursos naturales, dice él, para su preservación. En total, Conservation Land Trust terminaría comprando 300.000 hectáreas de tierras contiguas para formar el parque, que fue declarado Santuario de la Naturaleza el 19 de agosto de 2005, una designación especial del estado de Chile que le proporciona protección adicional ambiental y prohíbe actividades industriales.
En 1995 un grupo de colonos de la Décima Región, habitantes mapuches originarios de ese reino de naturaleza virgen, presentó una querella contra Tompkins, denunciando supuestas presiones por parte de él para que vendieran sus parcelas. Surgieron las primeras voces legislativas que señalaban que “un misterioso gurú de la ecología” atentaba contra la política gubernamental de repoblamiento de la Patagonia. Y estaban en los cierto: algunos años después se supo que la población en las zonas de Tompinks, había disminuido de manera notable y hasta el mismo magnate ecologista terminaría hablando de control de natalidad con el fin de evitar que el hombre se siguiera esparciendo por cada rincón del mundo. Una denuncia venía detrás de la otra. Las autoridades de los Carabineros hablaban de la existencia de 8 pistas de aterrizaje y subía la temperatura. Denunciaba que Tompkins estaba comprando tierras en la Patagonia argentina, lindantes con sus terrenos en Palena y que buscaba crear un corredor privado del Pacifico al Atlántico, un flujo de vida de Este a Oeste sólo para él. Casi de inmediato, el estadounidense intentó sumar el Fundo Huinay, propiedad de la Universidad Católica de Valparaíso, cuya extensión de más de 30.000 hectáreas dividía en dos la superficie de Tompkins en Palena. Esos eran los últimos lotes que le faltaban para poder delinear la totalidad de los límites del parque Pumalín. Pero el 24 de febrero de 1998, el grupo español Endesa, con buena ayuda de los lobistas del gobierno de Frei comunicó la adquisición del Fundo Huinay en 2 millones de dólares. Fue un durísimo golpe para las intenciones de Tompinks. Por esa razón, Pumalín posee una entrada por el Norte y otra por el Sur. En Chile, los extranjeros no pueden comprar tierras fiscales ubicadas hasta 10 kilómetros de la frontera o hasta 5 kilómetros de la costa. Tampoco pueden hacerlo los ciudadanos de países fronterizos, ni las sociedades con sede principal en el país limítrofe o cuyo capital pertenezca en un 40% o más a ciudadanos de ese país. Pero la llegada del socialista Ricardo lagos al poder termianría allanando el camino. Lo cierto es que los conflictos con los colonos se fueron calmando o desapareciendo. Nadie fue expulsado de sus tierras aunque Conservation Land Trust admitió haberles ofrecido dinero para que se establecieran en lugares mejores y emprendieran tareas agrícolas de mayor rentabilidad. El presidente Lagos se convirtió en impulsor del acuerdo firmado en 2003 que terminó convirtiendo a Pumalín en Santaurio de la Naturaleza, y a Tompkins, en un personaje aceptado en la sociedad. Pumalín ahora es un parque nacional de acceso público y control privado. Su historia fue la carta de presentación del norteamericano en Latinoamérica, pero no fue el único acontecimiento que lo tuvo como actor. En 2004, Tompkins y su esposa adquirieron la estancia Valle Chacabuco que, con 69.000 hectáreas, es el segundo fundo privado más grande de la Undécima Región de Chile. Así, se transformaron en los segundo mayores propietarios privados del otro lado de los Andes, con 550.000 hectáreas. En la Argentina, sus adquisiciones no son menores y sus implicancias tampoco. El 10 de mayo de 2001, Patagonia Land Trust, a través de un fideicomiso, donó a la fundación Vida Silvestre, la estancia Monte León. Esa donación se hizo con la condición de que las 62.000 hectáreas fueran cedidas luego al Estado argentino para que este, a través de la Administración Nacional de Parques, convirtiera el lugar en un área protegida sobre el Atlántico. Néstor y Cristina Kirchner, patrones políticos del territorio, estaban todavía lejos de la Rosada pero ya sabían mandar en el sur y pusieron a todos sus hombres a trabajar en la plan de Tompkins. Tompkins, ya conocía el terreno, en 1992 y también con el propósito de conservar, en Santa Cruz, había comprado la estancia El Rincón, 20.000 hectáreas a pocos kilómetros del acceso al campo de hielo continental, otra gran reserva de agua dulce, y la totalidad de las tierras que bordean al río Santa Cruz.
Tompkins llegó al Iberá en 1998m invitado por el gobierno de Carlos Menem. Anunció que estaba dispuesto a comprar toda la tierra que su presupuesto le permitiera, cortó el acceso a los espejos de agua y mandó a cambiar alambrados. Muchas familias de la zona de Concepción, San Miguel e Ituzaingó, con más de un siglo y medio de radicación sobre esas tierras fiscales, fueron expulsadas sin explicación. Denuncias de vuelos rasantes de avionetas, incendios de capos y matanza de animales no se hacen concretas en la Justicia, pero se comentan campo adentro. Tompkins actúa en Corrientes a través de Conservation Land Trust y de la Fundación Ecos. CLT compra tierras y apoya con dinero a la segunda, que impulsa el plan de manejo sustentable del Iberá. El plan auspicia reducir al mínimo las actividades agropecuarias en la zona. Esto, dicen, produciría una reducción en el precio de los campos, que después se podrían comprar más barato.
La ONU presagia que para el año 2025 la demanda de agua potable será un 56% más elevada que el suministro existente, es decir, que 3.500 millones de personas padecerán la escasez. Europa se encuentra en estado crítico: de sus 55 ríos, solo 5 no están contaminados. Y Estados Unidos tiene el 40% de sus fuentes de agua potable secas o contaminadas. El Acuífero Guaraní corre como un océano subterráneo por debajo de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay y es una de las mayores reservas de agua dulce del planeta, la tercera, dicen a nivel mundial. Ocupa alrededor de 1.190.000 kilómetros cuadrados (más que España, Francia y Portugal juntos) y la ciencia sostiene que es capaz de abastecer al mundo de agua pura por los próximos doscientos años.
“Douglas Tompkins, el Gurú” en “La Patagonia Vendida. Los nuevos dueños de la tierra” – Gonzalo Sánchez.
sábado, diciembre 05, 2015
“Para leer al Pato Donald muestra que nada escapa a la ideología. Nada, por lo tanto, escapa a la lucha de clases. Donald es la metáfora del pensamiento burgués que penetra insensiblemente en los niños a través de todos los canales de formación de su estructura mental. Es la manifestación simbólica de una cultura que vertebra sus significaciones alrededor del oro y que lo inocente al despegarlo de su función social. Si el capital es tal en tanto constituye una relación social, el oro acumulado por un avaro como Tío Rico no tiene ninguna responsabilidad. Es neutro. El dinero no aparece como un elemento de la relación entre un capitalista y la sociedad, por lo tanto pasible de injusticias. El dinero pierde la propiedad fetichizante del poder, para convertirse en objeto de una psicología individual más o menos patológica. Todos los personajes emergen como erupciones psicológicas y no como productos de relaciones sociales. Son conductas abstractas las que se interrelacionan y no funciones concretas de un ordenamiento social.
(…)
Pato Donald se pasa la vida buscando trabajo y quejumbrándose amargamente del esfuerzo agotador que debe realizar. ¿Para qué busca trabajo Donald? Para obtener plata con el fin de veranear, para pagar la última cuota del televisor (parece que la paga mil veces, porque en cada nueva aventura tiene que pagarla de nuevo por última vez), para comprar un regalo (generalmente para Daisy o para Tío Rico). Lo que caracteriza todos estos deseos es la falta de necesidad que siente Donald: nunca manifiesta problemas con el arriendo, con la luz, con el alimento, con el vestuario. Por el contrario, a pesar de que nunca tiene un peso, siempre está comprando. El mundo de la abundancia mágica ronda a todos estos personajes. No hay desavenencias en los medios de subsistencia: es una sociedad sobre un colchón que emana bienes. El trabajo, de hecho no le hace falta a Donald, y la prueba es que el dinero que consigue sirve siempre para comprar lo superfluo. La superfluidad de la necesidad se traslada a la superfluidad del trabajo conseguido. Ya mencionamos el hecho de que estos trabajos son servicios de venta o de resguardo o de transporte para los consumidores (Tal es así que Rico Mc Pato no tiene obreros. Cuando le traen la lista de sus trabajadores, son todos “empleados”). El oficio entonces, es como un consumo y nunca una producción. Donald no necesita laborar, peros siempre está obsesionado con su búsqueda. No es raro, por lo tanto, que el tipo de trabajo que anhela tenga las siguientes características: fácil, sin esfuerzo mental o físico, pasatiempos en espera de una fortuna (o mapa) que caiga de otra parte. En una palabra, ganarse el salario sin transpirar. Como Donald es por definición torpe y descuidado, se lo despide perpetuamente. Se convierte en un cesante por ineficiencia, en un mundo donde abundan los empleos. Conseguir no es el problema, porque la oferta supera de lejos a la demanda, tal como el consumo rebosa la producción. Donald representa para el lector el cesante, pero esa cesantía que históricamente es causada por la crisis estructural del sistema capitalista, no tiene otra causa que la personalidad del protagonista. El fundamento socio-económico desaparece para dar lugar a la explicación psicologista: en los rasgos anormales y exóticos de la actitud individual de ser humano, radican las causas y las consecuencias de cualquier fenómeno social. Donald es sentido como el representante auténtico del trabajador contemporáneo. Pero mientras éste necesita de verdad el salario, para Donald es prescindible; mientras el trabajador busca desesperado, Donald encuentra sin problemas; mientras el primero produce y sufre como resultado de la materia que se le opone y la explotación de que es objeto, Donald padece ilusoriamente el peso negativo del trabajo como aventura.
Cuando llega el momento importante de recibir el salario, ocurre la gran mistificación. El obrero es burlado y lleva de vuelta a casa sólo una parte de lo que él realmente ha producido: el patrón le roba el resto. Donald, en cambio, por ser inútil todo el proceso anterior, reciba lo que reciba es demasiado. Al no haber aportado riqueza, ni siquiera tiene derecho a exigir participación. Todo lo que se le entregue a este parásito, es un favor que se le dispensa desde afuera, y debe estar agradecido y no pedir más. Donald representa bastardamente a todos los trabajadores que deben imitar su sumisión. El pato no es la fantasía, sino la fantasmagoría de que hablaba Marx; detrás del “trabajo” de Donald, es imposible que afloren las bases que desdicen la mitología laboral de los propietarios, es decir, la escisión entre el valor de la fuerza de trabajo y trabajo creador de valor. El trabajo gastado en la producción no existe en Donald. He aquí el mito básico de la movilidad social en el sistema capitalista. El self-made-man. Igualdad de oportunidades, democracia absoluta, cada niño parte de cero y acumula lo que se merece. Donald malogra todas estas escaleras del éxito a cada rato. Ese dinero, es un incentivo, un fin, una meta; pero nunca, una vez alcanzado, determina la próxima aventura. El capital y todo el proceso de la acumulación de la plusvalía sucesivas serían la respuesta y la solución al éxito del Tío Rico, y nunca podría el lector identificarse con él. La historia de una personalidad estrafalaria sirve para prestigiar al modo en que una clase entera se ha apoderado de todos los sectores de la realidad y al mismo tiempo ocultar el hecho de que se trata justamente de una clase.
Lo que hay más allá de la historieta infantil es todo el concepto de la cultura masiva contemporánea. Se piensa que el hombre, sumido en las angustias y contradicciones sociales, se ha de salvar y alcanzar su liberación como humanidad en la entretención. Tal como la burguesía concibe los problemas sociales como residuo marginal de los problemas tecnológicos, así cree que mediante la industria cultural masiva se puede solucionar el problema de la alineación del hombre. La diversión, tal como la entiende la cultura masiva, trata de conciliar el trabajo con el ocio, la cotidianeidad con lo imaginario, lo social con lo extrasocial, el cuerpo con el alma, la producción con el consumo, la ciudad con el campo, olvidando las contradicciones que subsisten dentro de los primeros términos. Cada uno de estos antagonismos, puntos neurálgicos de la sociedad burguesa, queda absorbido al mundo de la entretención siempre que pase antes por la purificación de la fantasía. La clase social de Disney ha moldeado el mundo de cierta manera bien determinada y funcionante; la fantasía no da la espalda a este mundo, lo toma, y pintándole de inocencia, lo presenta a los consumidores que presienten ahí un paralelo mágico, maravilloso, de su experiencia cotidiana. El lector consume sus propias contradicciones lavadas, lo que le permite, ya de vuelta en su mundo habitual, seguir interpretando esos conflictos desde la limpieza que lo hace sentirse como un niño frente a la vida
“Donald y la política” y “La máquina de las ideas” en Para leer al Pato Donald. Comunicación de masas y colonialismo. Armand Mattelart-Ariel Dorfman
sábado, noviembre 14, 2015
“Si los estados del sur esclavista hubiesen ganado la guerra civil estadounidense, el dólar oficial sería el azul (…) Fue en plena Guerra de Sesión que la moneda norteamericana adoptó el verde, cuando los Estados de la Unión –el Norte- decidieron emitir en 1863 los primeros greenbacks, unos billetes que coexistieron y compitieron durante un par de años con los bluebacks del Sur, derrotado finalmente en 1865. El nombre arrastra una historia algo más larga: un noble de Bohemia descubrió a inicios del siglo XVI un yacimiento de plata en Joachimsthal y acuñó sus primeras monedas en 1518 con el nombre de “joachimsthaler”, que de tanto utilizarse en el Sacro Imperio Romano pronto adoptó el apocope “thaler” y terminó por convertirse en dólar en la España próspera de la conquista y el saqueo del Nuevo Mundo. A fines del siglo XVIII, a poco de independizarse de las colonias americanas del Reino Unido, Thomas Jefferson ya escribía que el dólar –la pieza de plata española, se entiende- era “la moneda más conocida de todas en la cabeza del pueblo
El control de cambios en Argentina como régimen nace en septiembre de 1931, en medio de la crisis mundial. Era el momento en que los gobiernos empezaban a sentir la escasez de divisas y miedo a devaluar. Arranca como un tipo de cambio único, un control de cambio con tipo de cambio único; y Federico Pinedo lo convierte en un desdoblamiento cambiario. El régimen de control de cambios dura hasta diciembre de 1958 hasta que Arturo Frondizi hace la liberalización cambiaria con un costo altísimo. Es salida de los controles implicó una cuadruplicación del tipo de cambio comercial y una inflación arriba del %150 anual. Después se revirtió, pero fue la primera experiencia de una inflación de más de tres dígitos en un año de la historia argentina. Por esos años era ilegal que se comprara y acumulara dólares. No había lugar donde comprar. El que exportaba, tenía que entregar los dólares y el Banco Central les daba los dólares a los importadores hasta el punto que alcanzara.
El inicio de la pasión argentina por la divisa es algo más difuso. Su embrión puede encontrarse a fines de la primera presidencia de Juan Domingo Perón (1946-1952), cuando el mandatario le preguntó a una multitud de sus seguidores si alguno de ellos había visto un dólar alguna vez. Era una pregunta retórica, por supuesto, que apuntaba a desmentir el impacto en las clases populares que podía acarrear la escasez de la divisa, por entonces aún poco conocida y que recién empezaba a desafiar la primacía global de la libra esterlina. En 1949 Perón aludió al dólar ante un grupo de peones rurales “Los problemas de divisas, agitados políticamente, son totalmente ficticios. Dicen que el peso vale poco, pero ¿a mi qué me importa que valga poco el peso con relación al dólar o a la libra esterlina si acá yo no compro ni vendo nada en el orden internacional en pesos? Todo lo vendo en dólares y libras esterlinas. El peso sirve en el mercado interno. Para comprar en el mercado internacional tampoco empleamos nosotros ni libras ni dólares; empleamos trigo y carne, que es una moneda que no se desvaloriza en todos los tiempos”. Al año siguiente, el Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio (IAPI, que centralizaba el comercio exterior nacionalizado y establecía en los hechos los tipos de cambio diferenciales para cada sector), contradecía al jefe en su propio balance “el país necesita en la etapa de evolución en que se encuentra su economía de un apreciable volumen de divisas. Por ahora, y en el futuro inmediato, la responsabilidad de la producción de divisas recaerá en su práctica totalidad sobre la exportación de productos agropecuarios”. Del dólar se había empezado a hablar bastante en la prensa por la crisis del sector externo que golpeó al país en 1951 cuando la cosecha de trigo cayó dramáticamente en volumen y valor. Para salvar la balanza comercial el pueblo comió pan negro durante casi dos años. La harina se hacía con salvado y centeno para exportar todo el trigo posible y maximizar el ingreso de libras y dólares.
Durante el primer gobierno peronista la Argentina dependía más de Europa que de los Estados Unidos. La Argentina comerció durante toda la segunda guerra Mundial sin la base de reserva legales, de dinero real, salvo con los Estados Unidos que pagó en dólares. Gran Bretaña pagó en libras bloqueadas que era libras que se asentaban en el Banco de Inglaterra, porque no tenían otra forma de pagar. Entonces la Argentina financió el esfuerzo de guerra inglés con esas libras. Y eso mismo hizo Londres con un montón de países que eran sus colonias. La Argentina, como era colonia informal, entró. Cuando terminó la guerra, el país tenía un montón de libras bloqueadas. ¿Qué ocurrió inmediatamente? Algo que era previsible: el único país que podía vender producción nueva y equipos eran los Estados Unidos. La industria europea estaba destrozada. Para comprarles a los Estados Unidos necesitabas dólares. Entonces los Estados Unidos automáticamente intimaron a Gran Bretaña a que hiciera convertible la libra. Gran Bretaña aceptó y duró aproximadamente un mes. La Argentina cambió 500 millones de libras esterlinas en dólares, hasta que en agosto de 1947, vuelve a decretarse la inconvertibilidad de la libra Con la libra inconvertible durante todo su gobierno y el dólar siempre prohibido, la Argentina peronista aún no ahorraba en dólares. Lo hacía en pesos, a tasas de interés reales negativas, en los bancos o con las estampillas de la Casa Nacional de Ahorro Postal. El negocio recién rindió durante los últimos años del primer peronismo (1952-1955), ya con Alejandro Gómez Miranda en el Ministerio de Economía, cuando el país tuvo dos de sus poquísimos años de crecimiento con baja inflación en toda la historia: 1953, con el 3% y 1954, con poco más de 4%.
Derrocado Perón por la autodenominada Revolución Libertadora, la dictadura conservadora y de sustrato clerical que gobernó al país durante los tres años siguientes relajó parcialmente los controles de cambios. Tras el golpe de 1962 y la asunción el año siguiente del radical Arturo Illia, los amantes de la “rúcula” sufrieron su primera desilusión. Fue en 1964, cuando la deuda externa sumaba 3.800 millones de dólares, de los cuales casi la mitad vencía en los siguientes dos años. Entonces, el Ejecutivo prohibió la libre salida de capitales al exterior y sólo permitió las autorizadas por el Banco Central. Eran solo para gastos de primera necesidad, como la importación de medicamentos que no se fabricaban en el país. Los ciudadanos pudieron comprar hasta 50 dólares por mes para atesorar y debían hacerlo bajo declaración jurada. Muchos ahorristas quisieron retirar los 200 millones de dólares que acumulaba el sistema financiero argentino, pero los bancos carecían de los recursos suficientes para hacer frente a una corrida. Así que Illia decretó que las entidades podían devolver los depósitos en pesos a la cotización oficial del dólar.
Aunque durante las décadas de 1950 y 1960 aparecieron en Buenos Aires los primeros ahorristas criollos dolarizados, el billete verde recién irrumpió con fuerza en la vida cotidiana de los argentinos mucho después, con la dictadura, de la mano de un plan económico que busco deliberadamente, entre 1976 y 1983, aniquilar la industria local como forma de ponerle un límite al ascendente poder de los trabajadores organizados. Ese nuevo régimen de acumulación, que siguió al abandono de la convertibilidad del dólar con el oro por parte de Washington, el surgimiento de los mercados globales de capitales y la consolidación de esa divisa como moneda de cambio y reserva de valor mundial, terminó por dolarizar para siempre la cabeza de los argentinos.
Para combatir el ya por entonces gravísimo problema de la vivienda de la clase media y media baja, el fundador del justicialismo había aprobado durante su primer gobierno una ley que cambió para siempre la fisonomía de la ciudad de Buenos Aires y de varias grandes urbes de las provincias: la de propiedad horizontal. Son hijos de esa norma casi todos lso edificios de hasta quince pisos que se apoyan unos sobre otros, en todas las grandes avenidas y muchas calles porteñas. El pitido final para la compraventa de inmuebles en moneda nacional sonó el 4 de junio de 1975: Celestino Rodrigo dispuso una devaluación del 160% del tipo de cambio comercial y del 100% del financiero, con lo que la inflación se disparó al 183% anual. Fue el famosos Rodrigazo, un sablazo hiperinflacionario contra el poder adquisitivo de los asalariados que habían confiado ciegamente en la fórmula Perón-Perón en 1973.
La “bicicleta financiera” fue una marca del modelo que prohijó José Alfredo Martínez de Hoz. ¿Cómo se echó a andar la bicicleta? Con dos pedales. Uno fue la inmediata liberalización cambiaria de “Joe”, que puso la “lechuga” al alcance de cualquiera que quisiera comprarla. El otro, la reforma financiera de 1977, que eliminó las regulaciones que regían sobre los bancos y disparó la tasa de interés real a un nivel extraordinariamente alto. Esto convenció a los ahorristas de mantener sus pesos en depósitos a plazo fijo, pero a la vez metió presión a las entendidas financieras, que bajo el nuevo marco debían quebrar sino eran capaces de devolverlos. La bicisenda financiera era sencilla y aparentemente sin sobresaltos: alguien traía dólares del exterior, los cambiaba por pesos, los colocaba a plazo fijo, cobraba los jugosos intereses que le ofrecían y volvía a comprar más dólares. El esquema funcionó hasta 1979, cuando el ingreso de capitales que desató ya había generado una apreciación cambiaria inédita con la consecuente pérdida de competitividad de la producción local. Es con Martínez de Hoz que la Argentina entra en la órbita del dólar. A partir de ese momento nuestra deuda externa es una deuda claramente en dólares.
Desplazado Martínez de Hoz, los militares que usurpaban el poder entregaron la cartera económica a Lorenzo Sigaut, quién había integrado brevemente en 1967 el equipo del superministro de otra dictadura anterior, Adalbert Krieger Vasena, quién había aplicado bajo el régimen de Juan Carlos Onganía, un plan que incluía una devaluación compensad del 40% con altas retenciones para los sectores exportadores tradicionales. Sigaut intentó emular al que había sido su jefe pero con un marco económico mucho más adverso. El 19 de junio lanzó la frase que lamentaría durante el resto de su vida: “Van a perder los que apuestan al dólar porque hemos eliminado el nivel de sobredevaluación. Diez días después de la puesta, una corrida incontenible devaluó el llamado peso nuevo otro 30% y el dólar se fue a un record de 8.800 pesos nuevos. La sangría se disparó y hacia noviembre el dólar llegó a los 100.000 pesos.
El refugio frente al altísimo impuesto inflacionario era la compra de “lechuga”, que se generalizó a todas las clases sociales. Promediando el gobierno alfonsinista, Sourrouille, Machinea, Frenkel y Gerchunoff crearon el Plan Austral. Alfonsín intentó salir de esa inercia con el nuevo signo monetario, pero el billete verde siguió en su escalera al cielo. Con Bernardo Grinspun, el ministro de Economía de sus primeros dos años como presidente, la divisa subió 780%. Con Sourrouille, se disparó otro 4.500%. Por las regulaciones que intentó fijar el radicalismo por esos años, en la City florecieron las “cuevas” y los “arbolitos”. El dólar paralelo se mantuvo durante el gobierno de Alfonsín entre 15% y 40% más caro que el oficial.
Menem debutó reincidiendo en la confiscación de ahorros privados, lo cual volvió a dejar gananciosos a quienes habían apostado al dólar (fuera de los bancos) y perdidosos a los demás. Las pérdidas de aquella crisis bancaria ascendieron al 13% del PBI argentino de entonces. Cavallo llegó al Ministerio de Economía a principios de marzo de 1991. Menos de un mes después, el Congreso aprobó su criatura, la Ley de Convertibilidad. La clave de su éxito fue que establecía que el Central respaldaría cada peso en circulación con un dólar de sus reservas y vendería todos los que fueran necesarios para entender la demanda de quienes quisieran cambiar por “rúcula” sus pesos. El gobierno renunciaba a hacer política monetaria y condicionaba los aumentos de liquidez local a que ingresaran capitales, inversiones o que la balanza comercial arrojara superávit. Pero la gente seguía pensando en verde, durante la convertibilidad el sector privado pasó de atesorar 50.000 millones de dólares en 1991 a 100.000 millones en 2001. Luego vino la crisis del uno a uno, que disparó la dolarización de privados a un pico del 7,7% del PBI en 2002. Los guarismos advierten que en crisis, sin crisis, con crecimiento, en recesión, con gobiernos liberales o más heterodoxos, la dolarización de carteras fue permanente.”
“Estoy verde. Dólar, una pasión argentina. Alejandro Bercovich-Alejandro Rebossio”
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viernes, noviembre 13, 2015
"La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta. Pasaron los siglos y América Latina perfeccionó sus funciones. Este ya no es el reino de las maravillas donde la realidad derrotaba a la fábula y la imaginación era humillada por los trofeos de la conquista, los yacimientos de oro y las montañas de plata. Pero la región sigue trabajando de sirvienta. Continúa existiendo al servicio de las necesidades ajenas, como fuente y reserva del petróleo y el hierro, el cobre y la carne, las frutas y el café, las materias primas y los alimentos con destino a los países ricos que ganan. consumiéndolos, mucho más de lo que América Latina gana produciéndolos. Son mucho más altos los impuestos que cobran los compradores que los precios que reciben los vendedores; y al fin y al cabo, como declaró en julio de 1968 Covey T. Oliver, coordinador de la Alianza para el Progreso, «hablar de precios justos en la actualidad es un concepto medieval. Estamos en plena época de la libre comercialización ... » Cuanta más libertad se otorga a los negocios, más cárceles se hace necesario construir para quienes padecen los negocios. Nuestros sistemas de inquisidores y verdugos no sólo funcionan para el mercado externo dominante; proporcionan también caudalosos manantiales de ganancias que fluyen de los empréstitos y las inversiones extranjeras en los mercados internos dominados. «Se ha oído hablar de concesiones hechas por América Latina al capital extranjero, pero no de concesiones hechas por los Estados Unidos al capital de otros países...» Es que nosotros no damos concesiones», advertía, allá por 1913, el presidente norteamericano Woodrow Wilson. Él estaba seguro: «Un país -decía- es poseído y dominado por el capital que en él se haya invertido». Y tenía razón. Por el camino hasta perdimos el derecho de llamarnos americanos, aunque los haitianos y los cubanos ya habían asomado a la historia, como pueblos nuevos, un siglo antes de que los peregrinos del Mayflower se establecieran en las costas de Plymouth. Ahora América es, para el mundo, nada más que los Estados Unidos: nosotros habitamos, a lo sumo, una sub América, una América de segunda clase, de nebulosa identificación.
Es América Latina, la región de las venas abiertas. Desde el descubrimiento hasta nuestros días, todo se ha trasmutado siempre en capital europeo o, más tarde, norteamericano, y como tal se ha acumulado y se acumula en los lejanos centros de poder. Todo: la tierra, sus frutos y sus profundidades ricas en minerales, los hombres y su capacidad de trabajo y de consumo, los recursos naturales y los recursos humanos. El modo de producción y la estructura de clases de cada lugar han sido sucesivamente determinados, desde fuera, por su incorporación al engranaje universal del capitalismo. A cada cual se le ha asignado una función, siempre en beneficio del desarrollo de la metrópoli extranjera de turno, y se ha hecho infinita la cadena de las dependencias sucesivas, que tiene mucho más de dos eslabones, y que por cierto también comprende, dentro de América Latina, la opresión de los países pequeños por sus vecinos mayores y, fronteras adentro de cada país, la explotación que las grandes ciudades y los puertos ejercen sobre sus fuentes internas de víveres y mano de obra. (Hace cuatro siglos, ya habían nacido dieciséis de las veinte ciudades latinoamericanas más pobladas de la actualidad.)
Para quienes conciben la historia como una competencia, el atraso y la miseria de América Latina no son otra cosa que el resultado de su fracaso. Perdimos; otros ganaron. Pero ocurre que quienes ganaron, ganaron gracias a que nosotros perdimos: la historia del subdesarrollo de América Latina integra, como se ha dicho, la historia del desarrollo del capitalismo mundial. Nuestra derrota estuvo siempre implícita en la victoria ajena; nuestra riqueza ha generado siempre nuestra pobreza para alimentar la prosperidad de otros: los imperios y sus caporales nativos" - "Introducción" en Las venas abiertas de América Latina. - Eduardo Galeano.
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jueves, noviembre 12, 2015
"El cardenal Maurer llega a Bolivia desde Roma. Trae las bendiciones del Papa y la noticia de que Dios apoya decididamente al general Barrientos contra las guerrillas.
Mientras tanto, acosados por el hambre, abrumados por la geografía, los guerrilleros dan vueltas por los matorrales del río Ñancahuazú. Pocos campesinos hay en estas inmensas soledades; y ni uno solo, se ha incorporado a la pequeña tropa del Che Guevara. Sus fuerzas van disminuyendo de emboscada en emboscada. El Che no flaquea, no se deja flaquear, aunque siente que su propio cuerpo es una piedra entre las piedras, pesada piedra que él arrastra avanzando a la cabeza de todos; y tampoco se deja tentar por la idea de salvar al grupo abandonando a los heridos: juntos serán todos salvados o perdidos.
Perdidos. Mil ochocientos soldados, dirigidos por los rangers norteamericanos, les pisan la sombra. El cerco se estrecha más y más. Por fin delatan la ubicación exacta un par de campesinos soplones y los radares electrónicos de la National Security Agency, de los Estados Unidos.
La metralla le rompe las piernas. Sentado, sigue peleando, hasta que le vuelan el fusil de las manos.
Los soldados disputan a manotazos el reloj, la cantimplora, el cinturón, la pipa. Varios oficiales lo interrogan, uno tras otro. El Che calla y mana sangre. Un contraalmirante Ugarteche, osado lobo de tierra, jefe de la Marina de un país sin mar, lo insulta y lo amenaza. El Che le escupe la cara.
Desde La Paz, llega la orden de liquidar al prisionero: Una ráfaga lo acribilla. El Che muere de bala, muere a traición, poco antes de cumplir cuarenta años, exactamente a la misma edad a la que murieron, también de bala, también a traición, Zapata y Sandino.
En el pueblito de Higueras, el general Barrientos exhibe su trofeo a los periodistas. El Che yace sobre una pileta de lavar ropa. Después de las balas, lo acribillan los flashes. Esta última cara tiene ojos que acusan y una sonrisa melancólica.
¿Ha muerto en 1967, en Bolivia, porque se equivocó de hora y de lugar, de ritmo y de manera? ¿O ha muerto nunca, en ninguna parte, porque no se equivocó en lo que de veras vale para todas las horas y lugares y ritmos y maneras?
Creía que hay que defenderse de las trampas de la codicia, sin bajar jamás la guardia. Cuando era presidente del Banco Nacional de Cuba, firmaba Che los billetes, para burlarse del dinero. Por amor a la gente, despreciaba las cosas. Enfermo está el mundo, creía, donde tener y ser significan lo mismo. No guardó nunca nada para sí, ni pidió nada nunca.
Vivir es darse, creía; y se dio."
Memoria del fuego/El siglo del viento - Eduardo Galeano.
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miércoles, noviembre 11, 2015
"No dejes que termine sin haber crecido un poco,
sin haber sido un poco mas feliz,
sin haber alimentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho de expresarte,que es casi un deber.
No abandones tus ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.No dejes de creer que las palabras, la risa y la poesía sí pueden cambiar el mundo.
Somos seres, humanos, llenos de pasión.La vida es desierto y también es oasis. Nos derriba, nos lastima, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.
Pero no dejes nunca de soñar,
porque sólo a través de sus sueños puede ser libre el hombre.
No caigas en el peor error, el silencio. La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes... No traiciones tus creencias.
Todos necesitamos aceptación,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta el pánico que provoca tener la vida por delante.
Vívela intensamente, sin mediocridades.
Piensa que en ti está el futuro y en
enfrentar tu tarea con orgullo, impulso y sin miedo.
Aprende de quienes pueden enseñarte.
No permitas que la vida te pase por encima sin que la vivas."
Carpe Deim - Walt Whitman
martes, noviembre 10, 2015
"Sos así: inteligente, claro, refinado, vivís en armonía con las gentes, las cosas y las plantas que has elegido despaciosamente, rechazando sin ruido lo que quebraba el ritmo diurno,la calma de tus noches. Eso no significa que ignores este caos, este fragor de sangre que llaman siglo veinte. Al contrario, seguís muy de cerca cosas como el racismo, el apartheid y las transnacionales, la sangre en Argentina y Chile y Paraguay y etcétera.
Cada tarde a las seis comprás Le Monde y te indignás sinceramente porque todo es violencia, violación y mentira en Dublín en Beirut en Santiago en Bangkok. Y después cuando vienen Paulita y Juan y Pepe les explicás con té y tostadas que esto no puede ser, que cómo puede ser que esto sea así, y la mesa se llena de protestas democráticas, de migas humanísticas y Derechos Humanos (cf. Unesco). Todos están de acuerdo, y todos sienten que están del justo lado, que hay que aplastar a Pinochet, pero curiosamente ni ellos ni vos han hecho nunca nada para ayudar (digamos, dieron plata, se solidarizaron algunos con campañas periodísticas), porque les lleva lo mejor del tiempo aplastar al fascismo con perfectas razones silogísticas y sentimientos impecables. Es evidente que leer Le Monde es ya un combate frente a los que leen el Figaro.
Lo importante es saber dónde está la verdad y repetirlo y repetirlo cada día a los mismos amigos en el mismo café. Casi una militancia o poco menos, casi un peligro porque en una de ésas te oye un fascista y ahí nomás te fichan. Oh, ya es tarde, andá a dormir pero antes, claro, las últimas noticias. Mataron a Orlando Letelier. Qué horror, verdad. Esto no puede ser, esta violencia tiene que terminar.
(Suena el teléfono, es Paulita que acaba de enterarse.)
Da gusto ver cómo vos y tu gente paticipan de la historia. Vas a dormir tan mal, verdad, mejor quedarse oyendo música hasta que venga el sueño de los justos."
"Las buenas conciencias" - Julio Cortázar
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