miércoles, diciembre 09, 2015

“El filántropo estadounidense Douglas Tompkins, fundador de las textiles The North Face y Espirit, es el mayor propietario privado de recursos naturales en la Patagonia chilena y en los Esteros del Iberá correntinos. Controla, además, campos en la naciente y en la desembocadura del río Santa Cruz, desde la cordillera al Atlántico. Lo llaman el “dueño del agua”. Douglas Rainsford Tompkins nació en California, el 20 de julio de 1943. Su fortuna supera los 400 millones de dólares. Pero es incalculable el valor de la totalidad de las tierras que posee justo acá no más, entre Chile y la Argentina: 900.000 hectáreas (630.000 en Chile y el resto en la Argentina). Sus padres, coleccionistas de arte y urbanistas, eran dueños de cierta posición económica que les permitía vivir sin apremios. Douglas se volvió un mochilero rabioso, tuvo problemas de estudio: los ratos libres prefería invertirlos en nuevas escaladas a las paredes del valle de Yosemite. En el horizonte inmediato estaban la guerra de Vietnam de la que Tompkins terminaría desertando, y los movimientos pacifistas a los que adheriría. En 1968, Tompkins y otros 4 amigos estaban congelados adentro de una cueva de hielo, al pie del Fitz Roy. Adelgazaron hasta la transparencia y racionaron víveres hasta que abrieron la llamada “Ruta de los Californianos”, una brecha hacia la punta helada de la montaña mágica. Esa conquista, a mediados de octubre, resultó el corolario de un viaje que había comenzado en San Francisco, en 1967 y que había llevado a Doug y a sus amigos por todo el continente americano, a bordo de una camioneta. Sin dinero, debieron pedir giros postales a sus padres, que preferían tenerlos lejos, en viaje de aventuras por Sudamérica, y no adentro de alguna trinchera de las selvas de Vietnam (…) De aquella experiencia, uno de los mejores amigos de Douglas, Roy Gerar, volvió tan fascinado que no bien pisó los Estados Unidos fundó una compañía textil a la que llamó Patagonia, cuyas prendas de alta calidad se comercializan hoy en todo el mundo. En 1979 afloró algo de la fascinación de Douglas por conservas tierras. En una cuadra de la ciudad de San Francisco creo junto a un grupo de amigos un parque de acceso público, restaurando el sitio donde antes se encontraba una planta de galvanización. Pero recién en 1985, se dio cuenta de que nada de lo que había hecho hasta ese momento servía para algo, salvo para ganar dinero. Para ese entonces, un libro de un par de ecologistas le había sacudido las fibras íntimas: Deep Ecology: Living as if Nature Mattered (Ecología profunda: viviendo como si la naturaleza importara) de George Session y Bill Devall. Pero también había descubierto los escritos del noruego Arne Naess, filósofo ambientalista y predicador del retorno a la naturaleza, padre de un movimiento conocido como Ecología Profunda. Tompkins vendió Espirit y su colección de pintura y escultura moderna. Obtuvo unos 200 millones de dólares y los invirtió en la Foundation for Deep Ecology (Fundanción para la Ecología Profunda), predecedora de Conservation Land Trust (CLT), a quien pertenece el gigantesco Parque Pumalín, en el sur de Chile, el lugar donde decidió afincarse a principios de 1991. Para ese año. Douglas había perdido la inocencia adolescente y comprado ya el Fundo Reñihué, 17.000 hectáreas de bosque templado lluvioso que el joven millonaria estaba decidido a proteger. Contrató a un grupo de artesanos de la Décima Región y levantó una cabaña allí, en la Caleta Gonzalo, donde se estableció. Así comenzó su plan expansionista, que se basa en la compra de recursos naturales, dice él, para su preservación. En total, Conservation Land Trust terminaría comprando 300.000 hectáreas de tierras contiguas para formar el parque, que fue declarado Santuario de la Naturaleza el 19 de agosto de 2005, una designación especial del estado de Chile que le proporciona protección adicional ambiental y prohíbe actividades industriales. En 1995 un grupo de colonos de la Décima Región, habitantes mapuches originarios de ese reino de naturaleza virgen, presentó una querella contra Tompkins, denunciando supuestas presiones por parte de él para que vendieran sus parcelas. Surgieron las primeras voces legislativas que señalaban que “un misterioso gurú de la ecología” atentaba contra la política gubernamental de repoblamiento de la Patagonia. Y estaban en los cierto: algunos años después se supo que la población en las zonas de Tompinks, había disminuido de manera notable y hasta el mismo magnate ecologista terminaría hablando de control de natalidad con el fin de evitar que el hombre se siguiera esparciendo por cada rincón del mundo. Una denuncia venía detrás de la otra. Las autoridades de los Carabineros hablaban de la existencia de 8 pistas de aterrizaje y subía la temperatura. Denunciaba que Tompkins estaba comprando tierras en la Patagonia argentina, lindantes con sus terrenos en Palena y que buscaba crear un corredor privado del Pacifico al Atlántico, un flujo de vida de Este a Oeste sólo para él. Casi de inmediato, el estadounidense intentó sumar el Fundo Huinay, propiedad de la Universidad Católica de Valparaíso, cuya extensión de más de 30.000 hectáreas dividía en dos la superficie de Tompkins en Palena. Esos eran los últimos lotes que le faltaban para poder delinear la totalidad de los límites del parque Pumalín. Pero el 24 de febrero de 1998, el grupo español Endesa, con buena ayuda de los lobistas del gobierno de Frei comunicó la adquisición del Fundo Huinay en 2 millones de dólares. Fue un durísimo golpe para las intenciones de Tompinks. Por esa razón, Pumalín posee una entrada por el Norte y otra por el Sur. En Chile, los extranjeros no pueden comprar tierras fiscales ubicadas hasta 10 kilómetros de la frontera o hasta 5 kilómetros de la costa. Tampoco pueden hacerlo los ciudadanos de países fronterizos, ni las sociedades con sede principal en el país limítrofe o cuyo capital pertenezca en un 40% o más a ciudadanos de ese país. Pero la llegada del socialista Ricardo lagos al poder termianría allanando el camino. Lo cierto es que los conflictos con los colonos se fueron calmando o desapareciendo. Nadie fue expulsado de sus tierras aunque Conservation Land Trust admitió haberles ofrecido dinero para que se establecieran en lugares mejores y emprendieran tareas agrícolas de mayor rentabilidad. El presidente Lagos se convirtió en impulsor del acuerdo firmado en 2003 que terminó convirtiendo a Pumalín en Santaurio de la Naturaleza, y a Tompkins, en un personaje aceptado en la sociedad. Pumalín ahora es un parque nacional de acceso público y control privado. Su historia fue la carta de presentación del norteamericano en Latinoamérica, pero no fue el único acontecimiento que lo tuvo como actor. En 2004, Tompkins y su esposa adquirieron la estancia Valle Chacabuco que, con 69.000 hectáreas, es el segundo fundo privado más grande de la Undécima Región de Chile. Así, se transformaron en los segundo mayores propietarios privados del otro lado de los Andes, con 550.000 hectáreas. En la Argentina, sus adquisiciones no son menores y sus implicancias tampoco. El 10 de mayo de 2001, Patagonia Land Trust, a través de un fideicomiso, donó a la fundación Vida Silvestre, la estancia Monte León. Esa donación se hizo con la condición de que las 62.000 hectáreas fueran cedidas luego al Estado argentino para que este, a través de la Administración Nacional de Parques, convirtiera el lugar en un área protegida sobre el Atlántico. Néstor y Cristina Kirchner, patrones políticos del territorio, estaban todavía lejos de la Rosada pero ya sabían mandar en el sur y pusieron a todos sus hombres a trabajar en la plan de Tompkins. Tompkins, ya conocía el terreno, en 1992 y también con el propósito de conservar, en Santa Cruz, había comprado la estancia El Rincón, 20.000 hectáreas a pocos kilómetros del acceso al campo de hielo continental, otra gran reserva de agua dulce, y la totalidad de las tierras que bordean al río Santa Cruz. Tompkins llegó al Iberá en 1998m invitado por el gobierno de Carlos Menem. Anunció que estaba dispuesto a comprar toda la tierra que su presupuesto le permitiera, cortó el acceso a los espejos de agua y mandó a cambiar alambrados. Muchas familias de la zona de Concepción, San Miguel e Ituzaingó, con más de un siglo y medio de radicación sobre esas tierras fiscales, fueron expulsadas sin explicación. Denuncias de vuelos rasantes de avionetas, incendios de capos y matanza de animales no se hacen concretas en la Justicia, pero se comentan campo adentro. Tompkins actúa en Corrientes a través de Conservation Land Trust y de la Fundación Ecos. CLT compra tierras y apoya con dinero a la segunda, que impulsa el plan de manejo sustentable del Iberá. El plan auspicia reducir al mínimo las actividades agropecuarias en la zona. Esto, dicen, produciría una reducción en el precio de los campos, que después se podrían comprar más barato. La ONU presagia que para el año 2025 la demanda de agua potable será un 56% más elevada que el suministro existente, es decir, que 3.500 millones de personas padecerán la escasez. Europa se encuentra en estado crítico: de sus 55 ríos, solo 5 no están contaminados. Y Estados Unidos tiene el 40% de sus fuentes de agua potable secas o contaminadas. El Acuífero Guaraní corre como un océano subterráneo por debajo de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay y es una de las mayores reservas de agua dulce del planeta, la tercera, dicen a nivel mundial. Ocupa alrededor de 1.190.000 kilómetros cuadrados (más que España, Francia y Portugal juntos) y la ciencia sostiene que es capaz de abastecer al mundo de agua pura por los próximos doscientos años. “Douglas Tompkins, el Gurú” en “La Patagonia Vendida. Los nuevos dueños de la tierra” – Gonzalo Sánchez.

sábado, diciembre 05, 2015

“Para leer al Pato Donald muestra que nada escapa a la ideología. Nada, por lo tanto, escapa a la lucha de clases. Donald es la metáfora del pensamiento burgués que penetra insensiblemente en los niños a través de todos los canales de formación de su estructura mental. Es la manifestación simbólica de una cultura que vertebra sus significaciones alrededor del oro y que lo inocente al despegarlo de su función social. Si el capital es tal en tanto constituye una relación social, el oro acumulado por un avaro como Tío Rico no tiene ninguna responsabilidad. Es neutro. El dinero no aparece como un elemento de la relación entre un capitalista y la sociedad, por lo tanto pasible de injusticias. El dinero pierde la propiedad fetichizante del poder, para convertirse en objeto de una psicología individual más o menos patológica. Todos los personajes emergen como erupciones psicológicas y no como productos de relaciones sociales. Son conductas abstractas las que se interrelacionan y no funciones concretas de un ordenamiento social. (…) Pato Donald se pasa la vida buscando trabajo y quejumbrándose amargamente del esfuerzo agotador que debe realizar. ¿Para qué busca trabajo Donald? Para obtener plata con el fin de veranear, para pagar la última cuota del televisor (parece que la paga mil veces, porque en cada nueva aventura tiene que pagarla de nuevo por última vez), para comprar un regalo (generalmente para Daisy o para Tío Rico). Lo que caracteriza todos estos deseos es la falta de necesidad que siente Donald: nunca manifiesta problemas con el arriendo, con la luz, con el alimento, con el vestuario. Por el contrario, a pesar de que nunca tiene un peso, siempre está comprando. El mundo de la abundancia mágica ronda a todos estos personajes. No hay desavenencias en los medios de subsistencia: es una sociedad sobre un colchón que emana bienes. El trabajo, de hecho no le hace falta a Donald, y la prueba es que el dinero que consigue sirve siempre para comprar lo superfluo. La superfluidad de la necesidad se traslada a la superfluidad del trabajo conseguido. Ya mencionamos el hecho de que estos trabajos son servicios de venta o de resguardo o de transporte para los consumidores (Tal es así que Rico Mc Pato no tiene obreros. Cuando le traen la lista de sus trabajadores, son todos “empleados”). El oficio entonces, es como un consumo y nunca una producción. Donald no necesita laborar, peros siempre está obsesionado con su búsqueda. No es raro, por lo tanto, que el tipo de trabajo que anhela tenga las siguientes características: fácil, sin esfuerzo mental o físico, pasatiempos en espera de una fortuna (o mapa) que caiga de otra parte. En una palabra, ganarse el salario sin transpirar. Como Donald es por definición torpe y descuidado, se lo despide perpetuamente. Se convierte en un cesante por ineficiencia, en un mundo donde abundan los empleos. Conseguir no es el problema, porque la oferta supera de lejos a la demanda, tal como el consumo rebosa la producción. Donald representa para el lector el cesante, pero esa cesantía que históricamente es causada por la crisis estructural del sistema capitalista, no tiene otra causa que la personalidad del protagonista. El fundamento socio-económico desaparece para dar lugar a la explicación psicologista: en los rasgos anormales y exóticos de la actitud individual de ser humano, radican las causas y las consecuencias de cualquier fenómeno social. Donald es sentido como el representante auténtico del trabajador contemporáneo. Pero mientras éste necesita de verdad el salario, para Donald es prescindible; mientras el trabajador busca desesperado, Donald encuentra sin problemas; mientras el primero produce y sufre como resultado de la materia que se le opone y la explotación de que es objeto, Donald padece ilusoriamente el peso negativo del trabajo como aventura. Cuando llega el momento importante de recibir el salario, ocurre la gran mistificación. El obrero es burlado y lleva de vuelta a casa sólo una parte de lo que él realmente ha producido: el patrón le roba el resto. Donald, en cambio, por ser inútil todo el proceso anterior, reciba lo que reciba es demasiado. Al no haber aportado riqueza, ni siquiera tiene derecho a exigir participación. Todo lo que se le entregue a este parásito, es un favor que se le dispensa desde afuera, y debe estar agradecido y no pedir más. Donald representa bastardamente a todos los trabajadores que deben imitar su sumisión. El pato no es la fantasía, sino la fantasmagoría de que hablaba Marx; detrás del “trabajo” de Donald, es imposible que afloren las bases que desdicen la mitología laboral de los propietarios, es decir, la escisión entre el valor de la fuerza de trabajo y trabajo creador de valor. El trabajo gastado en la producción no existe en Donald. He aquí el mito básico de la movilidad social en el sistema capitalista. El self-made-man. Igualdad de oportunidades, democracia absoluta, cada niño parte de cero y acumula lo que se merece. Donald malogra todas estas escaleras del éxito a cada rato. Ese dinero, es un incentivo, un fin, una meta; pero nunca, una vez alcanzado, determina la próxima aventura. El capital y todo el proceso de la acumulación de la plusvalía sucesivas serían la respuesta y la solución al éxito del Tío Rico, y nunca podría el lector identificarse con él. La historia de una personalidad estrafalaria sirve para prestigiar al modo en que una clase entera se ha apoderado de todos los sectores de la realidad y al mismo tiempo ocultar el hecho de que se trata justamente de una clase. Lo que hay más allá de la historieta infantil es todo el concepto de la cultura masiva contemporánea. Se piensa que el hombre, sumido en las angustias y contradicciones sociales, se ha de salvar y alcanzar su liberación como humanidad en la entretención. Tal como la burguesía concibe los problemas sociales como residuo marginal de los problemas tecnológicos, así cree que mediante la industria cultural masiva se puede solucionar el problema de la alineación del hombre. La diversión, tal como la entiende la cultura masiva, trata de conciliar el trabajo con el ocio, la cotidianeidad con lo imaginario, lo social con lo extrasocial, el cuerpo con el alma, la producción con el consumo, la ciudad con el campo, olvidando las contradicciones que subsisten dentro de los primeros términos. Cada uno de estos antagonismos, puntos neurálgicos de la sociedad burguesa, queda absorbido al mundo de la entretención siempre que pase antes por la purificación de la fantasía. La clase social de Disney ha moldeado el mundo de cierta manera bien determinada y funcionante; la fantasía no da la espalda a este mundo, lo toma, y pintándole de inocencia, lo presenta a los consumidores que presienten ahí un paralelo mágico, maravilloso, de su experiencia cotidiana. El lector consume sus propias contradicciones lavadas, lo que le permite, ya de vuelta en su mundo habitual, seguir interpretando esos conflictos desde la limpieza que lo hace sentirse como un niño frente a la vida “Donald y la política” y “La máquina de las ideas” en Para leer al Pato Donald. Comunicación de masas y colonialismo. Armand Mattelart-Ariel Dorfman