sábado, septiembre 23, 2006

JUSTICIA


Etchecolatz. La historia de la perfidia, la crueldad. Saña, perversidad, sadismo, ensañamiento. Desleal a la palabra vida. Ante todo, cobardía: el valiente ante los prisioneros, ante mujeres embarazadas, ante niños recién nacidos, ante estudiantes adolescentes. Etchecolatz, el malvado de uniforme. Un producto argentino. Sí, aunque nos duela, el asesino estuvo entre nosotros. Veintitrés años esperó la sociedad para verlo condenado. Veintitrés años sin justicia.(...) No llegó, en cambio, la justicia para Camps, por las idas y vueltas acomodaticias de políticos y jueces. Tuvo la suerte de morirse antes. Pero si llegó para su ladero segundón.

Y la escena imperdible: Etchecolatz con la cruz. Un espectáculo denigrante y que lo dice todo. El sucio asesino trató de protegerse con la cruz de la Inquisición, aquella que quemaba vivos a sabios y mujeres de la dignidad, pero no la cruz de aquel Jesús del No Matar.

Etchecolatz, condenado. El vil ser que gozó con el dolor de las parturientas (...)
Los inventores de la “Muerte argentina”, la desaparición de personas, prefirieron el crucifijo de Etchecolatz a los productos nobles del pensamiento. La estupidez humana forrada de la oscuridad de la ignorancia y de la picana eléctrica.

Es que la historia argentina es una tragedia producto de la sumisión ante el poder. (...) esto que aquí llaman República permitió y miró para otro lado en los golpes militares. Más, representantes de los partidos políticos formaron parte de dictaduras: fueron ministros, embajadores, consejeros. Y caídas las dictaduras todos esos civiles volvieron a ser “democráticos”. El caso más patético es el de Rico quien, después del golpe contra Alfonsín, se presentó a elecciones en democracia y fue elegido como intendente, o el de Bussi, el más despiadado de los represores de Videla a quien en democracia dejamos presentarse como candidato a gobernador y fue elegido por el pueblo de Tucumán. Tucumán, el lugar donde fue erigida la República, generaciones después elegía a un asesino. Mancha que quedará para siempre en esas bellas regiones que conocieron a Belgrano, libertador por vocación.

Pero no solamente los argentinos eligen a verdugos para ser gobernados por ellos, sino que también les erigen monumentos a dictadores macabros y fuera de toda moral. Como esto que nadie podrá explicar por qué: el monumento al primer traidor de la democracia, el general José Félix Uriburu. El monumento más grande de Balcarce: está allí con cara de héroe de la casta de los siempre poderosos, en bronce. (...) Un héroe fabricado por el poder de los dueños de la tierra y el dinero. Hace setenta años el dictador está en el bronce argentino. Ningún gobierno elegido por el pueblo, ni radical ni peronista, fue capaz de bajarlo del pedestal y decir: no, a los enemigos de la democracia les toca el destino de los traidores.

Nunca nuestro pueblo salió a defender contra los golpes militares a los gobiernos que eligió. Antes escuchaba por radio la llegada de los militares a la Casa Rosada, últimamente ya lo ve por televisión. Esto debe cambiar para siempre. Si no, alguna vez nos vamos a encontrar con un monumento a Etchecolatz en La Plata.


Salutes

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