El fiscal jefe de la Ufidro, Alberto Gentili admitió haber recibido el Día de la Primavera en una fiesta con el defensor en las dos mayores causas por drogas y lavado de dinero que llegaron a juicio en la historia argentina.
Gentili afirma que el 21 de septiembre de 2006 todo el personal de la Ufidro se reunió en la casa de una compañera de trabajo y de cátedra, entre las 14 y las 15.15, para comer unas empanadas con vino y gaseosas. El abogado Julio Virgolini recién llegó cuando estaban por irse, porque estaba viviendo con la dueña de casa.
Nada ocurrió tal como lo narra el Zar Antidrogas, quien resulta ser el mejor defensor del defensor de las organizaciones a las que debería perseguir. El dúplex de Uriburu 1257, con dos plantas unidas por una imponente escalera caracol de roble, pertenece a Virgolini, quien estuvo desde el principio hasta el final, y no a la mujer con la que convivió un breve lapso. Gentili llegó a las 13 con cuatro de los seis secretarios de cámara de su fiscalía (Horacio García, Sergio Mola, Santiago Marquevich y Marcelo Alonso) y se quedó hasta el atardecer. La fiesta se desarrolló en un living y un comedor en L, a los que se llega pasando la completa biblioteca de criminología crítica. Las cajas con las empanadas se apilaron en una luminosa cocina, con un desayunador de banquetas altas, en la que el ex juez lee todas las mañanas La Nación. Uno de los tres grandes dormitorios de la planta alta tiene un baño en suite. Tanto el Zar Antidrogas como el defensor de Marcos cantaron una canción con un aparato llamado karaoke, conectado al televisor. No fue la única fiesta realizada allí. Viernes de por medio, en horario de trabajo, Gentili y sus colaboradores se reúnen para cantar, en el duplex de Virgolini o en quintas del Gran Buenos Aires.
También lo hacen en las reuniones con personal de las fuerzas de seguridad en ocasión de los cursos y jornadas que organizan, en Mar del Plata, Misiones o Mendoza, por casualidad los lugares desde los cuales pocos días después la Ufidro recibe informes sobre el fantasmagórico narcoterrorismo, fruto y origen de prohibidas actividades de espionaje político. La vecindad con el Paraguay es conveniente para comprar a buen precio los cartuchos que consume el karaoke e ingresarlos al país sin pagar impuestos. Las sesiones siempre comienzan con el tema de Luis Miguel “Fría como el viento”. Las letras se reproducen en el televisor para que todos canten. Ese clima de sana chacota es estimulado por las holgadas condiciones de esos encuentros. Los cursos de Coordinación Policial sobre Narcotráfico y Crimen Organizado para las fuerzas de seguridad del Noreste y el Noroeste siguieron la misma pauta. Las delegaciones de una decena de invitados llegan por vía aérea el domingo a Buenos Aires y se alojan en el hotel de cinco estrellas NH City. El lunes tienen un desayuno de trabajo de tres horas. Luego almuerzan en el restaurante Cabaña Las Lilas de Puerto Madero y durante tres horas visitan dependencias policiales, de Prefectura y de Gendarmería. El martes se reúnen otras tres horas, reciben certificados y con ellos en los portafolios se dirigen al almuerzo de despedida. Cada uno de esos almuerzos para treinta personas, con jamón ibérico pata negra, baby beef de 500 a 800 gramos, pollo de campo o merluza negra, con vinos Catena Zapata Estiba Reservada, costaba hace un año no menos de 3000 pesos.
Virgolini defiende al capo peruano de la villa 1.11.14 desde 1999. También fue el defensor de Enrique Piana en la causa por lavado con exportaciones de oro y de uno de los serbios imputados en la causa conocida con la poco imaginativa denominación de Viñas blancas, de exportación de cocaína en botellas de vino. En algunas instancias actuó en forma directa, en otras por medio de sus socios, Luis Osler y Mariano Silvestroni.
Por cierto, Piana, Marcos y los serbios tienen derecho al mejor abogado y Virgolini y Rosconi a los clientes más prósperos. Lo único que está en cuestión aquí es la promiscuidad de quienes tienen la función de perseguir los delitos complejos cometidos en esa materia con los defensores de confianza de algunos imputados. Una de las complejidades consiste precisamente en el entrecruzamiento de abogados en las distintas causas para ocultar su vinculación. El juez más famoso de Francia, Renaud Van Ruymbeke, fue sancionado por el Consejo de la Magistratura porque se reunió fuera de los tribunales con el vicepresidente de una multinacional investigada, para acordar de qué manera anónima le haría llegar documentos incriminatorios para otros directivos y políticos. En Estados Unidos no duraría un día en su cargo un Zar Antidrogas que fuera descubierto enfiestado en la casa del Virgolini local. En la película The Firm, dirigida por Sydney Pollack sobre la novela de John Grisham, un joven abogado descubre que su empleador es el estudio de la mafia. Decide colaborar con el FBI y documenta sobrefacturaciones y otros delitos menores, con los cuales sería posible mandar a sus patrones a la cárcel. Estas son unas líneas del diálogo:
Abogado –¿Qué es más difícil de hallar, el matón o el abogado que esconde su dinero?
Cana –No me cuentes más mierda.
Abogado –¿Querés a la mafia? Andá por sus abogados.
Este es un país menos pragmático. Las cárceles están llenas de chicos que fuman porro y los defensores de las grandes bandas son considerados prestigiosos académicos de ideas progresistas.
Salutes
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