lunes, septiembre 25, 2006

Super K

Aunque bajo la convicción general de que no alcanza ni de lejos para tirar manteca al techo, nos dicen que la pobreza en Argentina bajó muy fuerte. “Sólo” quedan, señala el Indec, algo más de 30 por ciento de pobres e indigentes. Unos 12 millones y pico de personas, respecto de las cuales la sensación es, siempre, que no se toman como tales, sino como meros números que se comparan con, en este caso, el estallido explícito de 2001/2002. Doce millones y pico. Doce millones cien mil, para ser más precisos. Ubiquémonos: los argentinos pobres e indigentes son casi 173 canchas de River llenas por completo. Y vayamos al superávit fiscal. Es decir, lo que ahorra el Gobierno. Más de 2200 millones de pesos en agosto, y unos 7500 millones proyectados para cuando termina el año. Una cifra, caramba. ¿Para qué se usa, siendo que hay la urgencia de casi 200 Monumentales que están llenos de pobres e indigentes?
(...)Las cifras oficiales acaban de admitir que, a pesar de los índices chinos de crecimiento de la economía, uno de cada tres argentinos continúa viviendo en un hogar pobre. Eso es en tanto se establezcan promedios, porque si se trata de Resistencia, Salta, Posadas, Corrientes o Formosa, estamos hablando de que es pobre uno de cada dos habitantes. Más lo siguiente, que es un escándalo omitido a la hora de hablar de pobres y que revela hasta qué punto los sectores más lúcidos de la sociedad, inclusive, toman a los números de manera secamente estadística: la baja de la pobreza anunciada por el Gobierno se refiere al nivel de ingresos, tomando como límite la cantidad de gente que no llega a cubrir la canasta básica de bienes y servicios. Esa canasta, en agosto pasado, era de 862 pesos para un matrimonio con dos hijos. De manera que unos pesos por encima de ese ingreso lo transforman a uno de pobre en clase media-baja o media, mire qué milagro de las estadísticas. Aun cuando se dejara de lado la obviedad de semejante observación; y aun cuando se apartara también que la pobreza no es una cuestión de ingresos que fluctúan mes a mes algo para arriba o algo para abajo, sino una razón estructural relacionada con la calidad de vida en términos de servicios a los que se accede y perspectivas de mejoramiento (si no tengo cloaca, ni forma de comprarme algo de ropa, ni de esparcimiento mínimamente consumista, pero una changa me permitió arrimar en forma temporaria 100 pesos más a lo que gano, ¿dejo de ser pobre?), aun así las cifras divulgadas y aceptadas son escalofriantes a presente y a futuro.
(...)Incluso bajo el más benévolo de los escenarios, con crecimiento del PBI a tasas altas y una disminución acelerada del desempleo hasta llegar al 5 por ciento, un cuarto de la población argentina seguirá por debajo de la línea de pobreza. En ese “mejor de los mundos”, de los 40 millones de argentinos, 10 millones serán pobres y 4 millones indigentes. Y de continuar el actual patrón distributivo, dentro de 3 años será pobre un tercio de los menores de 15 años. Y un millón y medio de esos menores será indigente.
(...)¿Cuánto de legítimo tiene el reclamo de “seguridad” frente a un horizonte así, por ejemplo? ¿Cuánto no es casi una frivolidad referirse a casi cualquier otro tema mientras se siga en medio de este panorama, que asegura la permanencia del delito, de la improbabilidad de instruirse con chances importantes de ser mano de obra calificada, de que se consolide la “violencia en las canchas”, de que el destino de una masa formidable de argentinos siga anclado en pasta base, cultura del fierita, en todo da lo mismo?
(...)Los títulos de los medios trataron las cifras oficiales de pobreza desde una mirada poco menos que exclusivamente optimista, y nadie niega que por lo menos no se está peor de un cierto tiempo a esta parte. Pero quedarse allí es de un cortoplacismo irresponsable, tilinguesco, amateur.
Alguien tiene que preguntarse si (...)al resto de la sociedad le preocupa quedar rodeada de pobreza perpetua y que el tema deba considerarse prioridad nacional ¿O hay el cinismo de decirnos que pobres hubo siempre?

Salutes

1 comentario:

negropiombo dijo...

Super K es un mentiroso más, y tiene la cara tan dura que no la afecta ni la criptonita verde. Ah! eso sí, los verdes se van del país. Pagó una deuda ilegítima con la sangre y el sudor de su pueblo, y va a seguir pagando, porque el país sigue en ruinas, y ahora a pasado a ser una republiqueta sojera a las órdenes de Monsanto y la Sociedad rural argentina. hay muchísima información donde se puede comprobar que en los últimos 50 años nunca fue tan amplia la brecha entre los más pobres y los que cada vez se están haciendo más ricos. Los que le mienten a sus pueblos son tan o más peligrosos que los Echecolatz que aún pululan por el mundo. Cuidémonos de los lobos disfrazados de corderos. A abrir y enderezar el ojo (no como Super K) y no tragarnos las bajas de los índices de desocupación que se basan en unas limosnas indignas, que se acabarán cuando las tierras no se banquen ya tanta soja.