Prestá atención y los vas a ver. Su hábitat natural son el micro y el macro centro porteño. Hay un objeto que los identifica por sobre todas las cosas: la tarjeta magnética de entrada a sus trabajos. En los 90 el símbolo de status eran los primeros teléfonos móviles, hoy son estas tarjetitas que llevan colgando a todos lados como un trofeo de guerra. Uno los ve hinchados con ese plástico que, colgado a la altura de la cintura como una Colt en el viejo oeste, marca hoy la diferencia entre estar afuera y dentro del sistema, en un país que todavía tiene mucha gente sin laburo. “Tengo trabajo, ¿ves? En una empresa cool y posta”, miran cómplices. Aquellas máquinas odiosas que marcaban las tarjetas de entrada y de salida de los trabajos son hoy, aggiornadas, un emblema de esnobismo y orgullo para los posmodernos trabajadores porteños.
Fijate y los vas a ver: chicos y no tan chicos, volviendo a sus casas en el subte o bondi, fumando en una palza en la hora libre o almorzando mierda envuelta en un papel film o en bandejitas de plástico. Todos con la tarjetita con foto y nombre que los distingue. Las mujeres son más exhibicionistas: las cuelgan no sólo de la cintura, sino también del cuello, de los bolsillos de la ropa o de las carteras. Parecen pertenecer, nunca mejor dicho, a empresas de servicios, bancos, telefonía o del nuevo empleador global: el telemarketing, el primer paso en el mercado laboral para millones de pibes en todo el mundo. Suelditos, en el mejor de los casos, de más-de-mil-más-tickets y viernes casual (pronunciar en inglés: káyual). Ese día son libres: ellos pueden dejar descansando el ambo comprado para el último casamiento de la prima y calzarse el pantalón pinzado Legacy, la camisa celeste o rosa marca ídem y los zapatos náuticos. Ellas algún jean y una remerita. Tienen un atributo muy solicitado por las áreas de recursos humanos. Son preactivos. Eufemismo que significa aceptar todo lo que te pidan por la misma guita y hacerlo contento.
Fijate y los vas a ver. Y si te animás, decíles que lean o miren “La fiaca”, una estampa porteña sobre la no capitulación del hombre, y de su libertad, frente al mundo del trabajo. Quizá aprendan algo.
Salutes
lunes, diciembre 10, 2007
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