Delinear una una tipología del garca argentino requeriría un vasto esfuerzo, seguramente gruesos volúmenes y quizá se trate de una misión imposible, ya que la cantidad y variedad atentarían contra el intento de clasificación. Pero sin duda hay oficios que son blanco fácil para esta especie de fácil reproducción en nuestras Pampas. Mozo, mucama, camarera, portero, cadete, vendedor, chofer, telefonista, recepcionista y todos aquellos que presten algún servicio se cuentan entre sus víctimas predilectas para practicar una casi deportiva violencia social.
El mero hecho de que alguien deba atenderlo despierta en la mente del garca la idea de servidumbre. El tipo -y no es una cuestión de género- por el mero hecho de que alguien le acerque un menú o le abra una puerta se piensa como de otra prosapia, como miembro de alguna clase o raza superior. Por más que su origen sea humilde, sentirá el peso del abolengo criollo (¿qué abolengo, por otra parte: tenderos, matarifes, contrabandistas?) y la necesidad perentoria de hacérselo sentir al otro mediante la vejación.
Su arma será el maltrato y lo expresará mediante imaginativas maneras. En principio, una exigencia feroz: cualquier detalle que no se ajuste estrictamente a lo pedido por el garca será causa de reprimenda humillante o aún de escándalo.
El tipo impone ser tratado como un monarca despótico y está convencido de que paga por eso. Si no se le presentara semejante ocasión recurrirá a otras formas del desprecio: desde la confianza indebida (el pérfido humor de la gastada) hasta el efecto de invisibilidad (el otro no existe, no se lo saluda, no se le contesta), pasando por un tuteo no acordado y que no puede ser mutuo, que se establece de manera ofensiva.
Y es todo un arsenal al que recurre el canalla: el comentario irónico o descalificador, el gesto despectivo, la afrenta oblicua o apenas esbozada. Todo, en un único sentido, el de degradar al otro para dejar en evidencia una presunta superioridad que esa misma actitud refuta. Lo más patético, sin embargo, es que la lógica del sistema permite, avala y hasta glorifica al garca con su talismán mágico: el dinero.
Salutes
domingo, agosto 05, 2007
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1 comentario:
La palabra "garca" viene sabiamente del lunfa "cagar", o de hablar al vesrre. Pero no siempre todo se reduce al dinero, que no es la única bandera que enarbola el garca, también está la de la consabida viveza criolla, que tanto mal nos ha hecho dentro y fuera del país. Bueno, queenero, estás muy productivo, aquí tiro la toalla y la sigo otro día con Simpon y con Borges (¿¿¿???). El abrazo de siempre. Cuidate y Salutes.
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