Demetria Torales mira y acaricia una y otra vez el cartel que se colgó del cuello a las 8 de la mañana y que recién se sacó a media tarde. En él está plasmada la sonrisa enorme y la panza a punto de dar a luz de su hija Verónica. "Te prometí justicia y acá estoy mamita", dice en voz alta en el primer piso de los tribunales de Quilmes, rodeada de otros de sus dos hijos.
De todas formas, la mujer dice no tener consuelo y que su vida se quebró el 29 de enero de 2003. Ese día, su hija Verónica, de 19 años y embarazada de ocho meses, recibió un balazo en la puerta de su casa mientras esperaba a su esposo que venía de trabajar. Los disparos habían salido repentinamente del arma de un policía bonaerense que había acudido al barrio de Bernal a evitar que unos chicos que jugaban al carnaval mojaran con sus bombitas de agua a una vecina.
Verónica murió pero igual ocurrió un milagro. Los médicos del Hospital de Wilde le hicieron una cesárea a la chica muerta y salvaron a la bebé. Hoy tiene cuatro años y vive con su papá, Jorge Cejas. "Vero había elegido el nombre Melina y con los médicos le agregamos Milagros, porque realmente fue así. La nena nació media hora después de que a mi hija la mataran", cuenta con lágrimas Demetria.
Ayer, el Tribunal Oral 3 de Quilmes empezó a juzgar al ex cabo Antonio Fabián Sosa por el delito de homicidio simple con dolo eventual en concurso real con lesiones leves, ya que otra de las balas hirió también en la clavícula a un joven de 14 años.
"Una pericia demostró que la bala partió del arma reglamentaria de Sosa. Además él había dicho que los chicos lo habían agredido con palos y botellas y entonces se había defendido. Sin embargo el juez de Garantía ya había confirmado que no tenía ni un rasguño y tampoco se secuestró en el lugar ninguno de esos elementos", contó a Clarín el abogado, Ricardo Ferrari.
Según la mamá de Verónica, los policías escaparon y luego la amenazaron. "Ninguno de los dos hizo nada, ni siquiera levantaron a mi hija. Los policías que mataron a Vero huyeron como perros mientras se desangraba. Yo no puedo perdonar eso ni que quisieran coimearme para que no siguiera con el juicio. Ella era mi sol. Cuando enterré a Verónica enterré también mi vida", cuenta Demetria.
Salutes
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1 comentario:
Puta, esto es digno de la ancestral revista "crónica" (no del diario del Poroto Botana). ¡Cuánta sangre!, queenero. Too much blood, diría Jagger. Hay que acordarse: "Policía, ni en broma".
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