miércoles, octubre 18, 2006

17 de Octubre


Cualquier diálogo de estas horas incluye la remembranza de Ezeiza y rescata aquello que la historia se repite, la primera vez como tragedia, la segunda como parodia. La asociación es ineludible, aunque para ser certera no debería extremarse. En Ezeiza la violencia fue una herramienta utilizada para dirimir un conflicto político. Las lecturas de época son controversiales y ahora pueden parecer delirantes, pero lo cierto es que los bandos estaban claros y la apelación a la pólvora era un recurso.

Una primera ojeada sobre San Vicente sugiere que la escena habla más de la situación cultural y social de la Argentina que de su lógica política. Miles de movilizaciones se realizan en este suelo, con objetivos precisos y en muchos casos desafiantes, sin que brote la violencia patoteril, de cancha, que se vio por la tele. Más allá del visible tirador filmado en detalle, los que pelearon (por suerte cabría añadir) lo hacían a puño limpio o con piedras o palos. No portaban armas, no daban la sensación de estar pertrechados para la pelea.

Seguramente un primer sesgo del debate cargará en la mochila del peronismo, tout court, lo patético y lo brutal que se vio en la quinta-museo. Lo patético le concierne en un ciento por ciento. Lo brutal se repite todas las semanas en casi cualquier cancha, no en nombre de la patria peronista o la socialista sino de Claypole o Villa San Carlos. O en cualquier esquina donde un colectivo roce a un motoquero. Una violencia transida, incontenible y acumulada forma parte de la realidad cotidiana, en especial cuando convergen ciertos núcleos de marginales. Un acto político masivo la congrega, la exacerba, posiblemente no la explica.

Volviendo a la política, valdría la pena agregar que la instalación de los restos de Perón en un lugar histórico debió ser una tarea del Estado y no de una central gremial, mucho menos de una ONG de imprecisa tipificación como son las 62 Organizaciones. Prendarse de la frase “para un argentino no hay nada mejor que otro argentino” y luego privatizar el homenaje es otra de tantas incongruencias patéticas puestas en evidencia en un 17 de octubre que será memorable por sus peores contingencias.

sALUTES

1 comentario:

negropiombo dijo...

Tal parece que la historia se copia indefinidamente, y la foto de tu blog es casi un calco exacto de una foto de estos días de Oaxaca donde se ve a una persona baleando una manifestación de la APPO (Asamblea por los Pueblos de Oaxaca), que ya es un movimiento cojonudo y popular. Hoy en día cualquiera enarbola un arma con total impunidad, los motivos pueden ser diversos, fútbol, pasiones, política, racismo. Y los únicos que lo pagan son los que las usan para "delinquir". O sea que lo otro no es delinquir. Coincido con que es nefasta la frase "para un argentino nada mejor que otro argentino". Yo soy argento y para mí no hay casi nada peor que muchos argentinos asesinos que todavía andan sueltos. De todos modos, el 17 de octubre de 1945 es una fecha para rescatar, por todo lo que popularmente implicó en ese momento. Fue originalmente un movimiento espontáneo y libertario. Ya después la cagaron con "San Perón". Hoy en día con tanta arma suelta y tanto loco intolerante dispuesto a usarlas, hay que negar la frase de Lou Reed y cambiarla por Don't take a walk on the wilde side. Maybe your mind could be the right place. Salutes.